Ainu. Caminos a la memoria

Website del documental "Ainu. Caminos a la memoria"

Shakushain, el líder ainu que pudo haber cambiado la historia

Fue poco después de 1600 que las relaciones entre los ainu y japoneses llegaron a un punto de inflexión donde los japoneses pasaron a convertirse claramente en la parte dominante tanto en la diplomacia como en el comercio. Este cambio coincidió con momentos importantes en la isla de Honshu. El shogunato de Tokugawa, establecido en 1603, restauró la estabilidad y unidad tras más de un siglo de guerras internas. Se persiguió el cristianismo y se impuso la política del sakoku, por la que se expulsó a los extranjeros y se impedía la entrada de cualquier mercancía del exterior bajo pena de muerte. El pueblo ainu no estaba libre de sospecha, debido a su aspecto físico y creencias distintas a las de la mayoría wajin.

La organización tribal de los ainu, basada en pequeñas aldeas que obtenían el sustento de las zonas de alrededor, chocaba con la paulatina transformación de Japón, que iba tomando la forma de un estado organizado, con una economía que podía soportar una organización política permanente y un ejército que ya disponía de los mosquetones adquiridos a comerciantes portugueses. Estos hechos inclinaron la balanza definitivamente hacia el lado japonés, contra los que no podían competir las lanzas, arcos y flechas del pueblo ainu.

A pesar de los anteriores enfrentamientos, todavía en la década de 1590, los ainu de Hokkaido habían sabido mantener el control casi total sobre los recursos de la isla. Se capturaban halcones, peces, ciervos, osos… Con sus canoas se dirigían hacia los puertos japoneses, y allí elegían a los comerciantes a quienes vender el salmón, las pieles y aves de rapiña. El comercio era muy rentable. Muchas familias ainu adquirieron colecciones de laca y espadas japonesas, mucho más allá del alcance del agricultor medio japonés.

Pintura del daimyo de Matsumae

Pintura del daimyo de Matsumae

Todo cambió durante el siglo XVII. En 1631 se descubrió oro en Hokkaido, lo que llevó a una rápida afluencia de mineros japoneses y el establecimiento de campamentos mineros en el interior. Poco después, en 1644, el shogunato concedió al daimyo de Matsumae el monopolio de todo el comercio con Hokkaido. Esta fue una decisión catastrófica desde el punto de vista de los ainu, ya que hasta entonces habían logrado mantener los precios de sus productos.

Matsumae no perdió tiempo en la explotación de sus nuevos derechos, después de 1644, a las canoas ainu se les prohibió hacer escala en los puertos japoneses. En cambio, los comerciantes de Matsumae comenzaron a establecer bases comerciales en Hokkaido, y al no haber más oferta, los ainu debían aceptar los precios que éstos les proponían. Además se dispusieron redes en las bocas de los ríos para la captura del salmón, antes de que pudieran ascender a las zonas de desove donde los ainu pescaban.

Algunos ainu resistieron, migraron hacia el interior y regresaron a su forma de vida tradicional. Pero el arroz y metal importado eran demasiado atractivos. El comercio continuó en las nuevas condiciones, y no pasó mucho tiempo antes de que la situación se deteriorase aún más.

La combinación de precios bajos y escasez de recursos provocó una crisis en Hokkaido. Por la década de 1650, las tribus a lo largo de la costa este de Hokkaido, comenzaron pequeños ataques donde se encontraban la mayor parte de las fortalezas comerciales de Matsumae. Esta guerra esporádica animó a decenas de pequeñas comunidades dispersas a unirse. Uno de los jefes más poderoso era Shakushain, quien ya en 1653 gobernaba el Shibuchari.  Poco sabemos sobre él, la descripción que ha llegado hasta nuestros días dice que “era un hombre de unos ochenta años, realmente grande, de la talla de tres hombres”.

Monumento a Shakushain en Shinhidaka, Hokkaido

Monumento a Shakushain en Shinhidaka, Hokkaido.

Hasta ahora la resistencia ainu había sido casi totalmente defensiva, el comerciante arrogante extranjero podía ser asesinado, pero era inútil lanzar un ataque total contra los japoneses. Sin embargo, en junio de 1669, Shakushain decidió ignorar las lecciones de la historia y ordenó un ataque contra todos los campamentos mineros, fortalezas comerciales de Matsumae y buques mercantes japoneses en Hokkaido. El resultado fue un asalto bien coordinado que provocó la destrucción a lo largo de las costas de Hokkaido. Más de 270 japoneses murieron en los ataques, y 19 buques mercantes fueron destruidos.

Castillo de Matsumae, en la península de Oshima, Hokkaido.

Castillo de Matsumae, en la península de Oshima, Hokkaido. Su aspecto actual es producto de varias reconstrucciones.

Fue en este punto cuando Matsumae pareció darse cuenta del rumbo que podían tomar los acontecimientos. La destrucción del campamento minero no sólo fue un duro golpe para el comercio y un desafío directo a su supremacía en Hokkaido, Shakushain, al reunir un ejército considerable, también representaba una verdadera amenaza para la seguridad.

El ejército japonés no era grande al principio, incluso después de los refuerzos llegados de otros daimyo de Honshu. Sin embargo, su ventaja era decisiva, ya que en el Japón feudal los ainu, como campesinos, no tenían derecho a portar armas. Únicamente contaban con las flechas envenenadas que tanta consternación habían causado entre los japoneses, incapaces de descubrir el secreto de su fabricación. En la acción, sin embargo, resultaban ineficaces, ya que los arcos ainu eran incapaces de penetrar en la armadura samurai y en los chalecos que llevaban los soldados de infantería.

Con Shakushain en retirada, la revuelta finalizó un mes más tarde con la llegada de refuerzos desde Honshu. En sus ataques quemaron un gran número de fortalezas ainu y canoas, y en octubre, Shakushain ya había sido rodeado; al final de ese mes, se rindió. La amenaza ainu terminó poco después cuando, en una fiesta por la celebración de la paz, un viejo samurai de Matsumae llamado Sato Ganza’emon organizó el asesinato de Shakushain y tres de sus generales ainu completamente desarmados. Según crónicas de la época “siendo incapaz de defenderse,  Shakushain gritó en voz alta : ‘ Ganza’emon , me has engañado! ¡Qué sucio engaño tramaste!” . Shakushain permaneció inmovil y la fortaleza principal del Shibuchari fue incendiada .

Las relaciones entre japoneses y ainu cambiaron radicalmente después de 1669.  Los ainu seguían conservando su independencia, pero lo que antes había sido una relación de intercambio, se convirtió en un sistema de tributo y luego en un monopolio comercial. Los ainu se vieron obligados a vender lo que tenían, tanto sus bienes como la  mano de obra, a los injustos precios fijados por los japoneses. Sus canoas no aparecieron más en los puertos de la isla de Honshu, y aquellos que no podían mantenerse a sí mismos mediante la caza, se vieron obligados a trabajar en plantas procesadoras de pescado por una séptima parte del salario que se pagaba a un japonés.

Hoy en día la figura de Shakushain se ha convertido en inspiración para los grupos ainu nacionalistas.

Monumento a Shakushain en Shinhidaka, Hokkaido

Grupo ainu prestando homenaje al monumento de Shakushain en Shinhidaka, Hokkaido.

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