Ainu. Caminos a la memoria

Website del documental "Ainu. Caminos a la memoria"

Yukie Chiri, la mujer que dio a conocer al mundo la literatura ainu

Imagen de Yukie Chiri en 1922

Imagen de Yukie Chiri en 1922

A pesar de que a partir de la Era Meiji los ainu sufrían las prohibiciones y restricciones de una legislación injusta, aquello no impidió que ciertos ciudadanos hiceran frente al gobierno estatal y luchasen para proteger su cultura y transmitirla a la generaciones venideras.
Tal es el caso de Yukie Chiri, que en 1923 publicó el libro Ainu Shin’yōshū, una colección de canciones épicas de dioses que dieron a conocer la literatura ainu al resto del mundo.

Yukie Chiri (1903-1922) nació en la ciudad de Horobetsu, Hokkaido, en el seno de una familia ainu. Desde su más tierna infancia creció escuchando las canciones e historias de su abuela Monasinouk, conocida por ser una gran recitadora de cuentos.

Yukie Chiri

Yukie Chiri

En 1921 Yukie escribió un manuscrito que ella llamó Ainu densetsushu -Colección de leyendas ainu-, poco más tarde, cuando se encontraba en Tokio para la publicación de su obra, falleció a causa de enfermedad a la temprana edad de 19 años.
Su trabajo apareció publicado finalmente en 1923, bajo el título Ainu shin’yōshū -Canciones ainu de dioses- reuniendo trece canciones de deidades naturales como el buho, zorro, conejo, rana… Este tipo de canciones, conocidas por los ainu como kamui yukar, relatan las vivencias de dichos dioses narradas por ellos mismos en primera persona. El libro recibió una gran aclamación de la prensa del momento, y supuso una toma de conciencia de la cultura ainu por parte de la mayoría japonesa.
A Yukie Chiri hay que reconocerle no sólo su esfuerzo por conservar la literatura oral ainu, sino también su trabajo transcribiendo las historias ainu en alfabeto romano y traduciéndolas al japonés. A día de hoy su obra sigue siendo la fuente más importante de relatos kamui yukar.

Prólogo de Ainu Shin’yōshū

Hace tiempo, esta espaciosa Hokkaido, era para nuestros ancestros un espacio de libertad. Como niños inocentes, llevaban una feliz vida abrazada por la hermosa y grande naturaleza, en verdad debieron ser amados por la naturaleza; qué dichosos debieron ser.

Durante el invierno, hundiendo la piernas en la nieve profunda que cubre bosques y campos, caminando sobre una montaña tras otra, sin miedo del frío que congela cielo y tierra, ellos cazaban osos. En el mar, durante el verano, en las verdes olas donde salpica la fría brisa, acompañados por el canto de las gaviotas, navegaban en pequeñas embarcaciones que flotaban como las hojas de árbol en el agua para pescar durante todo el día.

Una naturaleza que se mantuvo sin cambios desde la antigüedad se ha desvanecido antes de que nos diésemos cuenta de ello. ¿Y dónde están aquellos que solían vivir placenteramente en los campos y las montañas? Los pocos Ainu que quedan contemplan con sorpresa cómo el mundo ha avanzado. […] nuestros ojos están llenos de ansiedad, arden por las quejas, demasiado apagados y oscuros para discernir el camino a seguir, sólo podemos confiar en la misericordia ajena. Un espectáculo horrible. Desaparición, ése es nuestro nombre, qué triste nombre llevamos.
Hace tiempo, nuestros dichosos ancestros no hubiesen imaginado ni por un momento que su tierra nativa pudiera convertirse en algo tan miserable.

El tiempo fluye sin cesar, el mundo progresa sin límite. Si en algún momento sólo dos o tres personas de entre nosotros apareciesen de entre el duro terreno de la competición, para mostrarnos en qué escombros nos hemos convertido, el día que ellos lleguen podremos mantener el ritmo de este mundo avanzado. Ese es nuestro verdadero deseo, por lo que rezamos día y noche.

Pero muchas de las palabras que nuestros queridos antepasados ​​utilizaron para comunicarse en su vida cotidiana, desde que se levantaban hasta que se acostaban, la gran cantidad de bellas palabras que usaban y que nos han transmitido: ¿También iban a desaparecer en vano? Oh, eso es demasiado penoso y lamentable.

Habiendo nacido ainu y rodeada del idioma ainu, he anotado, con mi torpe pluma, una o dos pequeñas piezas de varios cuentos que nuestros ancestros recitaban en su tiempo libre en las tardes lluviosas o en las noches de nieve.

Si muchos de vosotros que nos conocéis leéis este libro, junto con nuestros ancestros, lo consideraré un placer infinito, una dicha suprema.

1 de Marzo, año 11 de la Era Taisho

Chiri Yukie

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