Ainu. Caminos a la memoria

Website del documental "Ainu. Caminos a la memoria"

Normas de etiqueta ainu

Hombres ainu frotando sus manos en señal de saludo respetuoso.

Hombres ainu frotando sus manos en señal de saludo respetuoso.

Como en todas las sociedades, la comunidad ainu también se regía por unas normas y protocolo que sus individuos debían cumplir en las distintas ocasiones si no querían ser marginados y pasar por maleducados o insultantes. Muchos de estos códigos de comportamiento han caído totalmente en desuso, adquiriendo en su lugar las formas de estar japonesas, ejemplo de ello es el saludo ainu.

La persona que deseaba visitar la chise de un conocido, no entraba sin antes ser invitada. Al no haber puertas en las que golpear para anunciar la llegada, el visitante realizaba unos sonidos guturales con la garganta hé-hé-hé-hé-hèm– y esperaba a ser atendido. Ya dentro del hogar se procedía a la tradicional ceremonia de saludo, rogando por la salud de cada una de sus familias, frotándose las palmas de la manos y acariciándose la barba durante la conversación.

Una vez terminado el encuentro y tratado el asunto, el visitante abandonaba la chise caminando hacia los lados. En el caso de ser mujer, ésta dejaba el lugar caminando hacia detrás, ya que se consideraba descortés que un mujer diese la espalda a un hombre.

Ilustración de A.H. Savage Landor, escritor del libro Alone with the hairy ainu.

Ilustración de A.H. Savage Landor, escritor del libro Alone with the hairy ainu.

De la mujer ainu se esperaba que descubriese su cabeza de cualquier tipo de tocado en presencia de hombres, su saludo hacia ellos consistía en taparse la boca con la mano y fijar la mirada en el suelo.

Entre ellas, cuando se reencontraban con sus parientes femeninos tras un largo tiempo, el saludo consistían en sujetarse por los hombros y llorar cada una en el cuello de la otra; en esta posición podían contarse lo que les había ocurrido mediante canciones. Preguntas y respuestas eran realizadas en esta manera cantarina.

Para los niños, el saludo consistía en acariciarles el pelo desde la coronilla hasta los hombros.

Otras normas menos importantes consistían en no entrar nunca en una chise con la cabeza cubierta por algún atuendo, no salir ni entrar con prisa o no espiar el interior de la chise a través de las ventanas.

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