Ainu. Caminos a la memoria

Website del documental "Ainu. Caminos a la memoria"

Ainumoshir y kamuimoshir

Hombres ainu pescando mediante marek

Hombres ainu pescando mediante marek (gancho con anzuelo)

Como cazadores y recolectores, los ainu adoraban la Naturaleza más que a los ídolos. Todas las criaturas vivas, objetos y fenómenos naturales eran dioses; algunos proporcionaban beneficio y otros calamidades. Entre el mundo de los dioses, kamuimoshir, y el de los humanos, ainumoshir, existía una gran interacción.*

Inau junto al lago Poroto Kotan. Shiraoi.

Inau junto al lago Poroto Kotan. Shiraoi.

Para los ainu todos los seres materiales poseían un “corazón” o ramat. El ramat era el espíritu eterno y omnipresente que habita en todos los seres animados e inanimados, y que los abandona cuando éstos mueren o se rompen. Esta percepción animista del mundo favorecía la fe en amuletos, objetos sagrados que se entregaban a los kamui, dioses, como ofrenda para propiciar su buena voluntad hacia los hombres. Otros investigadores indican que el ramat podrían tratarse de un “disfraz” de los kamui para manifestarse en este mundo.

Para los ainu era muy importante no ofender a los kamui, todos los espíritus debían ser tratados con respeto, incluso los espíritus malévolos que traían enfermedades, ya que sus actos se consideraban un castigo merecido por alguna ofensa causada a los dioses.

i-omante, ceremonia del oso

i-omante, ceremonia del oso

La ofensas a los kamui se producía cuando no se devolvía a la naturaleza el espíritu de lo que se tomó de ella, ya fuesen animales cazados o árboles o vegetales cortados. Un ejemplo de ello lo encontramos en la ceremonia del oso, i-omante rimse, ritual por el cual se devolvía al mundo de los dioses el espíritu de un oso sacrificado.

Los espíritus de los ainu fallecidos eran juzgados en el Pokna Moshir, según sus actos podían ser enviados al paraíso o Kamui Kotan, donde el espíritu del fallecido llevaba una vida similar a la de los hombres vivos; o bien podía ser mandado al infierno, Teinei Pokna Chiri. (Según otros autores esta interpretación del cielo y del infierno se debería más bien a la influencia de misioneros protestantes y católicos desde principios del siglo XIX)

Sus dioses estaban rodeados de todo aquello que también rodeaba al hombre: ríos, montañas, árboles, plantas… y siempre atentos a los actos de los ainu para beneficiarlos o castigarlos si nos los reverenciaban como es debido.

Los dioses y los hombres tenían costumbres similares, puede decirse que al kamuimoshir representaba el modelo a partir del cual se reproducían las relaciones de las personas en el ainumoshir.

*Información extraída del texto de Yolanda Muñoz, del Colegio de México.

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