Ainu. Caminos a la memoria

Website del documental "Ainu. Caminos a la memoria"

IIGM, ocupación americana y milagro económico

Soldados japoneses leyendo edicto imperial.

Soldados japoneses leyendo edicto imperial. Imagen obtenida de http://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_militarism

Cuando Japón se involucró en la Segunda Guerra Mundial, muchos hombres ainu se alistaron en el ejército con la esperanza de así convertirse en súbditos del Emperador y ser tratados como iguales.

A pesar de ello, nos han llegado muchos testimonios de la discriminación sufrida a través del resto de los soldados. Para algunos la experiencia de la guerra fue tan trágica que jamás se pudieron recuperar. Como cuenta Mieko Chikkap en su libro autobiográfico:

“Movilizados como soldados entrenados para partir al frente, fueron enviados al campo de batalla, y allí también fueron discriminados severamente, vieron el infierno de la guerra, y cuando regresaron, sin saber hacia quien expresar su enfado, quizás se apoyaron en el shochu, una bebida barata y fácil de comprar. Así, toda esa rabia que no podían dirigir hacia fuera, la canalizaban hacia su familia.”

Acabada la guerra, el periodo de ocupación americana supuso cambios importantes para el pueblo ainu. La reforma agraria propuesta por el gobierno americano buscaba redistribuir las terrenos agrícolas de los grandes terratenientes, al igual que las tierras que no fueran utilizadas por sus dueños. Muchas parcelas concedidas a los ainu bajo la antigua Ley de Protección de los Aborígenes se encontraban arrendadas y sus dueños ausentes trabajando como jornaleros. La nueva legislación ponía en peligro sus propiedades y pese a que los representantes ainu se unieron para hacerla frente, el Gobierno de Ocupación permitió la venta de terrenos que les habían sido otorgados a los ainu. Bajo el pretexto del bien común, las comunidades ainu vendieron el 26% de sus propiedades y todas fueron pagadas con compensaciones muy bajas en una época de gran inflación.

Durante la posguerra, la miseria atacó a todos los habitantes por igual, pero al producirse el despegue económico de Japón la brecha entre ainu y wajin se acentuó. Para 1950 casi todas a ciudades bombardeadas habían sido reconstruidas, y el gobierno se había reorganizado siguiendo los esquemas políticos estadounidenses.

Entre 1955 y 1960 Japón registró una tasa media de crecimiento de 8,5%, llegando a alcanzar la cifra de 12,1% entre 1966 y 1970.

Mortero de arroz ainu.

Mortero de arroz ainu. Imagen obtenida de la web http://library.osu.edu/projects/bennett-in-japan/2_9_photos.html

A pesar de estos datos, muchos ainu permanecieron al margen de estos beneficios económicos. Según los censos realizados la mayoría de ellos eran obreros o granjeros pobres, la discriminación racial continuaba manifestándose a la hora de elegir pareja, obtener un empleo o asistir a la escuela.

La pobreza y el maltrato a los estudiantes por parte de sus compañeros wajin causaba ausentismo en las aulas, algo que a la larga extendió su subordinación en un sistema profesional altamente competitivo.

Lo jóvenes ainu salían fuera de sus comunidades a buscar trabajo en las ciudades, y muchos de los que tenían más rasgos wajin se disolvían en la sociedad negando su pasado ainu. Autoidentificarse como ainu era a veces una elección propia cuando sus características físicas no les delataban, por ello muchas personas decidieron no serlo quedando libre de la discriminación racial contra el pueblo ainu.

La idea de Japón como “nación de un sólo pueblo” confirmaba la importancia la raza como un factor incuestionable de la etnicidad japonesa. La diversidad racial y cultural no tenía cabida.

Niños ainu en las tareas de granja, Escuela Misión de Hakodate. Fotografía de John Batchelor.

Niños ainu en las tareas de granja, Escuela Misión de Hakodate. Fotografía de John Batchelor. Imagen obtenida en la web http://agenciaisbn.es/web/autoreseditores.php?menu=informacion

Para algunos la reforma agraria de posguerra fue el final del proceso de asimilación del pueblo ainu dentro de la cultura japonesa. Se intentó sacar de la miseria a la gente de vivía en las antiguas áreas ocupadas por los ainu, pero la pobreza no podía eliminarse en un contexto en el que predominaba la exclusión social.

Extraído del libro de Yolanda Muñóz “La literatura de resistencia de las mujeres ainu”, 2008.

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